¿Tienes un hijo/a adolescente?

Pues sean bienvenidos a un período donde está asegurado ni un momento de aburrimiento. Esta etapa puede ser comparada con un parque de atracciones, donde la adrenalina está asegurada, con los cambios de nuestros queridos jóvenes.

Coja su entrada y prepárese para una aventura que le deparará algunas sorpresas, quebraderos de cabeza y en ciertos momentos un poco de desesperación!!

Pero bueno, no todo es un problema en la adolescencia ya que con el sentido común, la experiencia vital de cada uno/a (echemos la vista atrás y recordemos cuando fuimos adolescentes) y la ayuda de todos es casi muy probable que todo salga bien y que tengamos el día de mañana mil anécdotas positivas que contarle a los/as nietos sobre sus padres y madres.

En este apartado de hoy, intentaremos explicar porque la adolescencia es un período tan “especial” tanto para nuestros hijos e hijas como para padres, madres, hermanos, hermanas y familiares que se ven envueltos en los arrebatos juveniles.

En primer lugar, se trata de una época de máximo cambio. No solo físicos como podemos notar, sino además cambios psicológicos. Los jóvenes viven en constante  percepción de mensajes contradictorios…

“Que si ya eres mayorcito, y puedes hacer las cosas tu solito” y cuando las hace “es que haces las cosas sin preguntarle a nadie” Que si ya te estás haciendo una mujer (hombre) y no puedes compórtate de esa manera”  y una larga retahíla, pero en muchas ocasiones, los seguimos tratando como niños/as pequeños, es decir que para unas cosas pensamos que ya son mayores pero en otras los consideramos aún pequeños. Nos les dejamos hacer sus cosas de manera independiente, pues los protegemos por el miedo a que se equivoquen y sufran. Y si encima a todo eso le sumamos el grupo de amigos y amigas que ya pasa a tener una mayor influencia que la nuestra pues imaginemos el revoltijo emocional de los adolescentes.

Pero a que debemos prestar atención, pues como ejemplos a seguir (aunque pensemos que no, nuestros hijos/as nos tienen en un pedestal y nos imitan y adoran lo que no lo expresan), a aquellas cosas que decimos y hacemos. Tenemos que ser congruentes con lo que expresamos, si son adultos para hacer una cosa lo son también para otras, es decir tenemos que ir adecuando las normas al desarrollo de estos, no podemos seguir con los mismos horarios de cuando tenían 10 años, pues sus necesidades son ya otras. Pero por otro lado, no hay que olvidar quien es la autoridad en esa casa, que no podemos olvidar  que es necesario que seamos firmes en las decisiones y cortar por lo sano cuando estos se enreden en discusiones y peticiones de las que no quieren salir.

ENTONCES… QUE HACER COMO PADRES Y MADRES?

Hablar, hablar y hablar.

Comprender la etapa en la que se encuentran y no desesperarnos porque las cosas no nos salen como a nosotros nos gustaría.

Buscar el momento y el lugar oportuno para hablar.

Esperar a que todos estén en condiciones de hacerlo

Utilizar formas y tonos adecuados.

Elogiar, halagar (muchas veces se nos olvida recordarles las cosas positivas que han hecho)

Hacerles sentir “importantes”, queridos y valorados.

Recuerden que cuando los y las adolescentes sienten que son responsables de sus actos, suelen funcionar mejor que cuando sienten que están siendo excesivamente controlados.

¡Ánimo padres y madres, al fin y al cabo,

es tan solo un proceso!!